Entre las suaves briznas de otoño,
brisas viejas de primavera,
con olor a tierra húmeda y sincera que llora entre ramas deshechas.
Ahí,
entre flores marchitas y hojas caídas,
baila la chica del vestido blanco,
la del perdón fácil,
la de las sonrisas que duelen en las mejillas.
La de las hojas marchitas
y los susurros al crepitar de las llamas,
las que hablan, las que respiran.
Vive cada otoño,
muere cada primavera.
Solo pudiendo respirar
cuando la muerte la abraza,
cuando la vida en el tiempo se desplaza.

