Es psicóloga, madre y escritora. Encontró en la escritura una forma de desahogo, catarsis y protesta, pero también un medio para comprenderse a sí misma y al mundo que la rodea.
Aunque comenzó a escribir de manera formal alrededor de los 30 años, su vínculo con la literatura nació mucho antes. Desde la adolescencia mostró un profundo interés por la poesía y, desde los 15 años, encontró también en la declamación una manera de acercarse a ella.
Hija de médicos con una fuerte vocación artística, creció en un entorno donde la ciencia convivía con la creatividad: su madre es pintora y su padre compositor y autor de canciones y relatos inspirados en las costumbres, historias y vida cotidiana de su comunidad.
Su escritura nace de lo íntimo, de la observación y de aquello que necesita ser nombrado; escribe para sentir, cuestionar, protestar y, quizá, comprender un poco mejor su propio mundo.