—He recordado el tacto de tu piel sobre mi,
esas caricias evasoras del tiempo,
esos besos delicados
cual algodón sobre mis mejillas.
Tu mirada penetrante
en cada rincón de mi memoria,
habitando cada centímetro de mi mente.
Te has hecho con el control de mis manos,
de mis movimientos y mis impulsos.
Dejando así
de ser dueña de mi propio habitáculo,
dándome cuenta
que no soy más que un alma perdida
que ha encontrado una pieza
que encaja en su puzzle.
Yo confiada y asegurada
que nada iba a descubrir,
que nada iba a ver
si miraba por la ventana de tus ojos.
Y ahí me vi,
embelesada como nunca antes
e hipnotizada por tu alma,
viendo como se encontraban en el tiempo
y se estrechaban
como si hiciera siglos
que esperaban ese momento.

