Al otro lado del mundo:
Cada mañana me despertaba en Montevideo, justo cuando el sol comenzaba a calentar las
persianas de mi habitación.
Al otro lado del mundo, en Londres, él se preparaba para dormir, rodeado de luces de neón y
del murmullo constante de una ciudad que parecía no detenerse nunca.
Nos conocimos en un foro de escritura.
Empezamos a hablar sobre poesía, sentimientos y, poco a poco, sobre nuestras vidas.
La diferencia horaria era una enemiga silenciosa, pero también una cómplice.
Mientras uno dormía, el otro dejaba mensajes de voz, fotos de su día y pensamientos al azar.
Así, en lugar de vivir el mismo momento, nos regalábamos el futuro y el pasado.
¿Se puede llamar amor cuando no hemos compartido más que palabras, pantallas y silencios
llenos de significado?
Pero entonces escuché su voz y leí una línea suya, y lo supe.
Lo pienso desde lejos, como se sueña al río sin haberlo tocado nunca…
¡Si él viera cómo florecen las cartas que no le he escrito!

Hannah Hangochian
