ORO Y PLATA
Mira extasiada
el surfear del sol sobre las nubes
al atardecer.
Juega con ellas al escondite,
lo abrazan por un rato
tapando su brillo,
y de improviso
vuelve a aparecer.
Baña de oro todo lo que toca;
los tejados y los árboles
y los coches y los bancos…
Hasta el pelo de ese niño
que, despreocupado,
no para de correr.
Las nubes se vuelven
de algodón de azúcar,
rosa y violeta,
y el sol se va
a visitar otros rincones
donde toca amanecer.
Le cede el sitio
a la dama blanca,
que todo lo cubre de plata…
Los tejados y los árboles
y los coches y los bancos…
Hasta el pelo de esa «niña»
que, asomada a la ventana,
se estremece
al pensar en el ayer.
Patricia Rojas

