Receta para el alma Ama Borges
Doctor, cureme el alma
Llevo encima arapos con sabor a dolor, ácidos y amargos.
Con olor a heridas tan viejas como este sombrío mundo, pesado,
tan pesado como mis huesos colmados de escritos,
pintados de imágenes impropias,
ajenas,
tal vez sin pertenencia.
Doctor, vivo, o soy un triste espectro, o aún no se si camino muerto dejando a mi paso estelas de hedor, de un amor que sangra a borbollones, que está cubierto del perfume corriente, a cadáver mal oliente, a muerte ambulante, con fragmentos de pensamientos desesperados, tirados al azar, estorbando el caminar,
grava, escombros imposibles de mover, aferrados a acabar con el camino en vez de construirlo
Doctor, ¡Ay doctor!
Requiero una poción sanadora, Que seque mis lágrimas,
que abra mi garganta,
que me devuelva las alas,
que reviva un corazón desgarrado,
hecho jiromes como mi piel.
Podría recetarme un abrazo, un beso en la frente, un te quiero al oído, eso pudiera ser sanador.
Doctor, piadoso doctor,
Quiero tan poco,
me conformo con poco…
Un reloj que gire al revés,
un panorama vestido de olvido,
palabras sin lengua,
que acaricien un alma rota, sin caras que volteen para juzgar,
Brazos que rechacen,
Más bien que deseen calentar o apretar,
miradas compasivas,
Eso, solo eso doctor
Nada más que eso.
Requiero una receta para mi alma desgastada y lacerada, nada más, nada más.
Ama Borges

