Cuadro de marionetas Maribel Viñolo
Hunde su cabello en la oscuridad del agua,
admira de ella la profundidad,
labios abiertos que se quieren ahogar.
Chillan sus costillas de dolor,
lacerante y horrible sensación.
Porque el mundo se volvió un circo,
y las almas marionetas que bailan sin pavor;
madera que choca en un escenario con fulgor,
los aplausos vuelan mientras los hilos se enredan.
Sus ojos no son los únicos que ven,
pero su boca, a diferencia, no teme perder
en un mundo como aquel.
Donde los besos se tornan mero placer,
los abrazos por puro parecer,
y los «te quiero» mentiras sin interés.
Retuerce las cuerdas aún más,
piensa que no reventará.
El miedo a morir no forma parte,
el temor a no vivir condena a su ser
a la decadencia del semblante.
Pobre y enredado corazón que siente demasiado
para un mundo sangrante y desmoralizado.

