Del sentimiento humano
A la ingenuidad
le puse nombre
y le di voz con la mirada.
A mis sentimientos
acallados
querubines de mejillas sonrosadas.
Tapé sus ojos
para que no vieran
lo que les haría a sus palabras.
A la ansiedad
le di la mano
y le di el mando de mi vida a voluntad.
A mi soledad,
le ofrecí un trago
y la vi creciendo sin piedad-
Jugó a las cartas conmigo
se sentó en la mesa
y por detrás
salió de las sombras mi testigo
que a mi torpe andar podía guiar.
Le dio alas a mi libertad
y las cortó con machete oxidado.
Regó los árboles de mi patio
se sentó a observar el cielo
y dejó la calle sin sus hojas
como yermo desolado.
Echó rumbo de la nada
como si algo hubiera llamado.
Dejó tendida la cama
perdió las llaves
y puso un vaso en la cocina
esperando a ser llenado.
Yo bajé las escaleras
esperando haber hallado
calma sobre las aceras
de las calles que se habían marchitado.
Me propuse a buscar pronto una palabra
que a mis oídos fuera de agrado.
Y sólo lado a lado las miradas
me recordaban
que aún nada había encontrado.
Regué los árboles en mi patio
tomé un vaso de ron en la cocina,
a mis alas,
las colgué de la pared junto al armario
y al salir
dejé una luz prendida.

