Poema de mi libro (r)Evolución
LAS REDES DE TU MENTIRA
Reconóceme,
grandiosa pupila del ocaso.
Reconoce,
que ya no piensas en mi nostalgia.
Que las estrellas arden
entre los versos más inmensos
de la infinidad.
Reconóceme, soledad, llévame en tu seno.
¿Ya no piensas en mí?
-No lo haces como antes de la lluvia- (es un guion)
Ahora no cantas tras el brillo de los pájaros
en la alcoba, ni en las briznas del destino,
sobre los ecos de las primeras puertas
al abrirse, en los primeros puertos,
los soplos, ni en los remolinos de la rota voz.
Las hambrientas mejillas
de la niña que se fue,
de la que ya no fue ruido,
breve triunfo ahora yerto.
Reconóceme
entre tus sombras, en los coágulos
de la espuma, entre los tétricos campos
que llevan a tu averno.
En los huecos de la hoguera
donde quema ausencia,
en las briznas de la metralla, rolar pura
entre los flecos del formón.
Y en las cenizas renacer de una crisálida.
Me encuentro sin calavera,
llena de cascabeles mudos, engañaste
mis ganas, inyectaste tu sangre,
ofrenda que, a mis días,
en las redes de tu mentira.
Crees que me persigues en sueños,
en anhelos de otra vida.
¡Oh, cuadro vacío de hálitos!
Que me atrapan tus pies descalzos,
en enlunados velos.
La amistad también pesa, amiga,
también duele y canta a la luna
si se requiere.
Y puede ser, todas aquellas cosas
que creíamos hojas del rosal,
que brotan cerca del manantial más puro,
más vivo, más prístino.
Reconócelo.
Piensas en mi como adverbio
pero de un lugar muy lejano.
Creerás en dos terrones de azúcar,
en dos gotas de miel,
pero tras pasar la verja
comprobarás
que se diluyó todo ese amor.
Toda esa historia naranja del melocotón,
su dulzor fermentó.
¿Y no es verdad,
que nos imaginas como dos pompas
de jabón que suben al cielo,
encontrándose en la cima?
El viaje fugaz
de dos perlas de agua
en el ventanal que se separan.
Aquella burbuja explotó,
sobre la médula del tímpano,
entre aguas insobornables.
Reconoce, querida soledad,
que aún me quieres entre tus brazos,
que añoras el calor de mis manos
y asiar mi cuerpo junto a ti.
Búscame,
te estaré esperando
donde el colibrí alimenta del néctar
entre el verde de su plumaje.

