SOMBRAS CÓMPLICES
Una propuesta prohibida,
una promesa rota.
El deseo, entre murmullos, se dilata
hasta hallar su encuentro.
Ahoga la culpa en el alcohol
y se prepara para su amante:
toda la pasión se libera
en ese cuarto de hotel clandestino.
Cuando el reloj tiembla en la pared,
las sombras se vuelven cómplices y testigos.
El deseo, ya cansado, guarda su hambre
para otro encuentro que quizá no llegue.
Al amanecer, la culpa asoma en la ventana,
y el vidrio devuelve una mirada cansada.
Se guarda el secreto en el bolsillo del alma,
hasta que la noche vuelva a desatar su garganta.

