Bajo cada peldaño, me adentro en el desván deshabitado lleno de telarañas mientras me las aparto de la cara. Huele a tierra mojada, a humedad que hiela la sangre y eriza la piel, pero sigo bajando. Voy en busca de un eco lejano, enterrado y olvidado entre las paredes de ladrillo, una voz que me guía en la oscuridad y una vela. Una vela consumida por los años, los siglos, una vela que no termina de apagarse jamás. Y ahí está ella, ahí estoy yo, vagando en una búsqueda misteriosa hasta que recuerdo..que no hay nada, que solo soy un cuerpo errante, que mis memorias solo son eso, y que la puerta de este desván, no se deja abrir.

